domingo, 4 de agosto de 2013

Un testimonio que "duele".

Terrrible testimonio de tortura: atado y vendado, tenía que “tragar” la pus que segregaba la herida de su nariz
Adriano “Pelado” Acosta. Un hombre, para quienes lo conocemos de “esta época”, es de sonrisa permanente y “buena onda”. Pero hoy, durante su testimonio en segundo juicio por delitos de lesa humanidad en Formosa, su declaración provocó escalofrío entre los asistentes. Sus posibles torturadores podrían estar a pocos metros de su silla de testigo.

Cómo se puede vivir con una sonrisa “a flor de piel” y (aparentemente) sin resentimientos por los sucesos que le tocó sufrir durante la dictadura?.

“La Escuelita”, otro infierno de tormentos y vejámenes

El Destacamento Policial de Cuatrerismo que funciona en el barrio San Antonio fue sindicado por el testigo y víctima Adriano Acosta como el otro centro clandestino de detención que operó durante la dictadura. Fue detenido por hombres del Ejército vestidos de civil en la puerta de su trabajo, el Poder Judicial de la provincia, la mañana del 5 de agosto de 1976, desde donde fue llevado en camioneta, encapuchado y con las manos atadas, directamente al destacamento UEAR de la Policía provincial. Allí fue sometido a las peores torturas físicas y psicológicas durante más de veinte días sin saber quiénes eran sus verdugos.

Las descargas de picanas eran interrumpidas por golpes de puños y patadas en el rostro y en los genitales, sufrió quemaduras en el cuerpo y soportó todo tipo de humillaciones y tormentos.

Las secuelas siguen aún hoy en su cuerpo: por los golpes recibidos padece una sordera parcial y una enorme cicatriz le atraviesa el tabique nasal como marca perenne de la más sórdida violación a los derechos humanos.

adriano pelado acosta vistaLa venda de gasa que tuvo durante más de veinte días cubriendo sus ojos se “enterró” en el hueso de su nariz y pronto comenzó a manar pus debido a la severa infección que se había formado. Como estaba inmovilizado y tenía las manos atadas con una soga, no le quedaba otra opción que tragar el líquido fétido que segregaba la herida y recorría su rostro hasta llegar a su boca.

“Un día me colgaron al techo con una soga anudada a mi cuerpo  y como una bolsa de boxeo comenzaron a pegarme por todos lados… de una patada me rompieron el mentón y en todo momento me preguntaban cuál era mi nombre de guerra”, recordó Acosta, quien afirmó no haber militado jamás en ninguna agrupación política ni social de izquierda en aquellos años. “Yo no tenía idea porqué me llevaron detenido, después supe que ellos pensaron que yo imprimía folletos del ERP, pero no tardaron en darse cuenta del error.

Una vez apareció una mujer detenida que confesó que ella manejaba un mimiógrafo para imprimir esos panfletos y eso creo que me salvó la vida, pero hasta hoy no se quien fue esa persona”, evocó en su relato.

Durante el tiempo de reclusión, “Pelado” Acosta pasó de “La Escuelita” al Regimiento de Infantería de Monte 29 y, posteriormente, a las cárceles de Formosa, La Plata y Coronda (Santa Fe), siendo finalmente  liberado el 19 de junio de 1979. Junto con Acosta también fueron secuestrados y torturados otros 18 empleados judiciales, varios de los cuales aún hoy continúan desaparecidos.

Mientras estuvo detenido fue dejado cesante del Poder Judicial por resolución N° 1 del año 1977 firmado por los entonces ministros del Superior Tribunal de Justicia, “Polaco” Montoya, Demetrio Vázquez Rey y Sergio Martínez. Recién recuperó su trabajo en la Justicia en el año 1984, tras el retorno de la democracia.

Fuente :  https://www.facebook.com/juiciosformosa?fref=ts

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